¿Y si…?

El “¿y si…?” al que estamos sometidos es el único motivo por el que asistimos desde hace poco más de un mes a un cambio de cromos y a un cúmulo de piececitos y patadas por debajo de la mesa del reservado. El hecho de que donde dije digo, digo Diego, no es el más importante, pues significaría que el elector medio no ve más allá del titular entrecomillado. Nadie, y no hace falta ser catedrático para darse cuenta, podía esperarse que en unas elecciones donde las encuestas, más o menos acertadas, auguraban que el partido con mayor porcentaje de votos no rebasaría el 30 por ciento de los mismos, el Gobierno que de ahí saliera no iba (o va) a labrarse a base de acuerdos. El engaño no está en un acuerdo, siempre que sea ideológica o programáticamente coherente, ni en un “no entraré en un Gobierno que no presida” ni en un “no votaré o favoreceré un Gobierno del PP o PSOE”. No, el engaño está en querer vender al personal que lo que le doy no es lo que chillé a los cuatro vientos en una de las tantas venidas arriba de la campaña porque es lo que quiere.

Hay muchas frases grandilocuentes sobre lo que es la política y muchas de ellas pueden ser muy perspicaces, profundas y a la vez absurdas y carentes de significado, pero si empleamos alguna de ellas podemos resumir que es “el arte de hacer posible lo imposible”, que puede traducirse como hacer real lo increíble. Lo que no dice esta frase es que todo se ha de hacer a través del poder, y es ahí donde se define realmente el intercambio de pullas y caricias. El poder es el único elemento capaz de, entre otras cosas, permitir que se haga algo en política y en ésas están todos los partidos que han de conformar el próximo Gobierno que disfrutemos… Y es aquí donde entra el “¿y si…?” que martillea a los candidatos cada vez que salen a la palestra para ilustrarnos sobre sus intenciones. Cada titular que leemos cada mañana desde el 20 de diciembre responde única y exclusivamente al Plan B que maneja cada partido: otras elecciones generales. ¿Por qué Podemos se mostró tan tajante en sus aspiraciones sobre el referéndum de Cataluña y sobre la conformación de cuatro grupos parlamentarios? Porque en caso de haber otras elecciones, si de cara a la galería no hubiera sido el fiel defensor que dice ser de las exigencias de los grupos que le acompañaron a las pasadas elecciones perdería un importante caladero de votos. No importa que todas esas exigencias se estén diluyendo tras su publicación en forma de titular ni que, seguramente, Pablo Iglesias incluso esté contento por ello. Lo que importa es que la imagen que queda es la del intento.

Parece que esa imagen, la del intento, es el único motivo al que responde el temido “¿y si…?”. Pedro Sánchez nos está haciendo ver que ha tendido la mano y que si no sale de los transparentes despachos de Ferraz un gobierno progresista y socialmente comprometido es porque Podemos lo ha hecho imposible con sus exigencias, exigencias que éstos han guardado en el baúl de los recuerdos para que la imagen de la intentona no se la apropie el PSOE. Una vez más la imagen por el “¿y si…?”.
Pero y qué pasa con la derecha del tablero. Lo mismo. Ciudadanos, fiel a sus compañeros de partida, ha decidido quemar la hemeroteca. Pero ese no es el problema, como decía anteriormente. La cuestión aquí es, cómo no, el mensaje y la imagen por… En este caso el “¿y si…?” de Ciudadanos responde a que posiblemente no haya más Ciudadanos, hablando de un modo exagerado, si hay elecciones. Es por ello que, a pesar de que se nos diga una y otra vez, el Gobierno ha de conformarse ya y no porque los españoles nos lo merezcamos, sino porque si se repitiera el 20D habría unos cuantos que tendrían que volverse a su casa, el partido dejaría de ganar una cantidad de dinero nada desdeñable y, sobre todo, porque la cuota de poder que hoy en día tiene sufriría una gran estocada. Pero al margen de todo esto, Ciudadanos no se retira, Ciudadanos tiene que adquirir una imagen y lo está haciendo. No importa que en la campaña estuviera frente al PP y PSOE, lo relevante es que si tiene que someterse a las urnas lo hará con el mensaje de que se ha ofrecido a unos y otros para dialogar, ceder y pactar con el fin de conformar un Gobierno lo antes posible y empezar a trabajar que es lo que se merecen los electores. Muy bien.

¿Y el PP? El “¿y si…?” del PP es una marianada más. El PP está dejando hacer y deshacer a los demás con el objetivo de hacernos ver a todos que o son ellos o los socialistas con los comunistas. Esa es la imagen con la que concurrirán, si es que las hay, a nuevas elecciones. Saben que es posible –tal y como apuntan algunas encuestas– que recuperen, a pesar de los escándalos a los que nos tienen acostumbrados mañana sí y noche también, votantes que se quedaron en casa el 20D o que se fueron a Ciudadanos. Mariano ve imposible que el PSOE logre conformar un Gobierno y le ha pasado la patata caliente con la idea de que los que se quemen sean ellos mientras el PP sigue cultivando la imagen de pobrecito al que nadie quiere, y eso que es el partido que han elegido los españoles para asumir el mando del timón. Aquí hay que decir que cuando se habla de españoles se habla del 28 por ciento de los mismos, no del 72 por ciento restante.

¿Gustan los pactos? Este es el sistema que tenemos y siempre ha funcionado así, por lo que nadie se puede sentir engañado con determinados pactos, pero que no nos digan que lo que se dice, desdice, hace y deshace es por los españoles y porque es lo que queremos. Es por el poder, por el “¿y si…?”.

¡Je suis Charlie! (II)

Charlie Hebdo tiene primos hermanos en todos los países, en España publicaciones como El Jueves o Mongolia.

Hay una viñeta homenaje a las víctimas de esta masacre y de denuncia a la actitud que en muchos casos se exhibe ante determinadas atrocidades, publicada por El Jueves, que debería hacer pensar a cada uno de nosotros.

La viñeta es la siguiente:

RELIGION TERRORISMO¿Por qué cuando ocurren barbaridades similares hemos de catalogarlas con nomenclaturas diferentes?

No quiero decir que los creyentes sean de un modo u otro, pero las sectas, y como sectas me refiero a cualquier tipo de religión, son sectas.

Aquellos que creen en las libertades, más allá de sus creencias personales, deben alejarse de los imanes, cardenales o rabinos de turno que les llenen la cabeza de odio.

Querer separar un acontecimiento como éste de las religiones es una irresponsabilidad. Los religiosos o creyentes no tienen que asumir ninguna culpa, pero sí las religiones y sus mandamases.

Querer desvincular una matanza como ésta de la religión es querer quitar responsabilidad a determinados mensajes religiosos cuyo único fin es la confrontación entre seres humanos.

En España hemos vivido el integrismo católico, pero hoy no toca hablar de eso, sino que hay que incidir en un integrismo similar, el musulmán, que cree tener la mano de Dios a su alcance para someternos a todos los infieles.

No caigamos en lo políticamente correcto quienes abrazamos la libertad y exigimos los derechos de cualquiera. El islamismo radical quiere imponer sus leyes a aquellos que defendemos la aconfesionalidad, a quienes defendemos, sin ser creyentes, la libertad religiosa, a quienes escapamos de los dogmas y de los libros sagrados. Pensad, todos aquellos que estáis fuera de cualquier religión, que para estos tipos somos carne de cañón, que sobramos en su paraíso sangriento.

Y pensad aquellos que veis con malos ojos a cualquier musulmán que a quienes han asesinado defendían la libertad y no a la ultraderecha, que han muerto por defender la libertad y no por el sometimiento de nadie.

A todos los que os sintáis defensores de la libertad, pensad que si estos energúmenos os tuvieran delante, os matarían, así que no seáis políticamente correctos con quien os quiere bajo el suelo.

¡Je suis Charlie!

Es lamentable tener que escribir determinadas páginas, pero es imprescindible a la vez. Si tenemos claro esto, no hay que explicar el porqué de las barbaridades que han llenado los informativos.

La realidad es tan sencilla como abominable: unos muyahidines entran en la redacción de una revista y la emprenden a tiros contra quienes tenían como bandera el humor y como arma un lápiz.

Hay quienes pretenden distanciar este tipo de crímenes de la religión, por aquello de no quedar como un islamófobo, pero los hechos son como son. Podemos intentar encontrar los argumentos o las razones a un acto tan irracional como éste fuera de la religión, pero es absurdo. Quien quiera desligar esta matanza de la religión, y en este caso el integrismo islamista, no quiere comprender la raíz del problema.

Desde hace miles de años la religión ha supuesto más sangre que ninguna otra ideología y el motivo por el cual esto es así no es ni más ni menos que porque cualquier otro movimiento responde al carisma de uno, dos o tres líderes, pero no a una inventada fuerza suprema con la que someter durante siglos y milenios a los desesperados y a los culturalmente abducidos.

De lo que estamos hablando es de que han acribillado a tiros a unos viñetistas, a unos humoristas, a unos periodistas. No son ni más ni menos que el trabajador judío al que los locos del islam han asesinado, pero su muerte supone una ofrenda a quienes creemos en las libertades y en la democracia, y no sólo eso, sino que supone una amenaza a la sociedad por la que muchos abogamos.

¿Dónde está el límite? En las leyes. Es posible que quienes se rigen por unas legislaciones cuyo cuerpo jurídico tiene como matriz un credo no lo entiendan, pero eso es algo a lo que aquellos que defendemos la separación Iglesia-Estado nos debe dar lo mismo.

Quien no quiera entender que es inaceptable que una revista satírica se mofe de los integristas musulmanes (como lo hacen con los católicos y los judíos) deben saber que a nosotros no nos importa una mierda que en países como Irán o Arabia Saudí, donde gobierna la sharía, se lapiden a las mujeres o se ahorquen a los homosexuales; seguiremos defendiendo sus derechos porque tenemos la razón.

Las personas respetables, entre ellos muchos musulmanes, nos regimos por una cosa tan degradante para los radicales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que no son los derechos de tal o cual, sino los de todos aquellos que habitamos este planeta, independientemente de que tengan una fe u otra, o de que las detesten todas.

No es necesario entrar en detalles, pero no hay por qué asumir determinadas arengas. Nadie se ha reído de un profeta ni de ningún Dios –algo que, por otro lado, no estaría de más, dado las vidas que se han cobrado en su nombre–, sino de aquellos que quieren entender la fe como una guerra donde hay que alcanzar una supremacía racial, étnica o religiosa.

Las portadas de Charlie Hebdo atacan a quienes quieren quitarnos la libertad, a aquellos que quieren imponer sus creencias, a los integristas que dicen defender una ley no escrita más que con la sangre de inocentes.

A quienes quieren sacar a la palestra que Occidente hace tal y cual, yo les pregunto ¿y qué? ¿Los males de uno justifican los de otros?

¿Qué hicieron los trabajadores del Charlie Hebdo? ¿Matar, violar o someter a alguien?

La libertad siempre estará por encima de la moralidad de un asesino.

 

 

 

El San Manuel catalán

La actualidad más reciente de Cataluña puede escribirse a través de dos nombres: Don Manuel y Lázaro.

Fue Miguel de Unamuno quien, hace más de ochenta años, relató a través de estos personajes una historia en la que reina el cinismo, el desprecio a la verdad y la arrogancia de verse a uno mismo como el guía y salvador de una comunidad.

Cierto es que hay que salvar distancias entre la figura de Don Manuel y quien hoy hace un burdo retrato de su papel: Jordi Pujol.

Si bien Unamuno quiso plasmar en el viejo sacerdote alguna de las reflexiones o pensamientos que le perseguirían durante toda su vida –el existencialismo, el sentido de la vida, la existencia de Dios–, el político catalán hizo suyo sus modos de hacer con fines bien distintos.

Mientras Don Manuel sumió a su pueblo y a Lázaro –el joven despojado de dogmas y reconvertido gracias al ejemplo que proyectaba sobre él Don Manuel– en la ignorancia más absoluta, adoptando una actitud totalmente hipócrita y cínica con el objetivo de librarles del sufrimiento que corría por sus venas, Pujol lo hizo nada más y nada menos para valerse de la posición mesiánica de la que disfrutaba y con la que se llenaba los bolsillos.

La diferencia, en suma, radica en que Don Manuel da el opio que hubiera querido recibir para vivir en una ilusión que le produjera cierta felicidad o, por lo menos, evitara la angustia que sentía; Pujol, al contrario, da opio al pueblo para atontarlo y, así, abusar de su estatus.

Tanto el sacerdote como el sumo pontífice catalán no creen en lo que predican, pero se sienten con el derecho de escoger por el pueblo cuáles son las prédicas que le hará libre.

Si los líderes espirituales y guías de la moralidad colectiva engañan, todo su legado no es más que otro engaño. Del mismo modo que Lázaro llega de las américas despojado de dioses hasta su encuentro con Don Manuel, gran parte del pueblo y de la burguesía catalana arrojó los dogmas propios de 40 años de dictadura hasta amarrase en los del “pujolismo”.

Tras la muerte de Don Manuel, Lázaro, que averiguó su gran secreto, asumió ese papel arrogante de dar al pueblo lo que reclama sin preguntárselo. Así, al dejar la Generalitat Jordi Pujol, los hay que siguieron la estela del camino marcado por el gurú de la catalanidad, entre ellos sus hijos.

No hay más que seguir las pistas depositadas en el camino para darse cuenta de quién arrebata al pueblo catalán lo que es suyo y qué argumentos ha utilizado para conseguir tal propósito.

Una gran oportunidad

Sin duda estamos ante una gran oportunidad. Una oportunidad que un país como España no puede desaprovechar. Con la abdicación de Juan Carlos I han saltado las alarmas y los elogios póstumos. También han salido a la palestra quienes ven esta ocasión como un elemento más de lo que puede definirse como el fin de la Transición o la caída de la misma.

¿Un referéndum Monarquía o República? Por supuesto, pero lo importante es por qué y para qué.

Es lógico que una personalidad tan relevante como lo es el Jefe de Estado sea directamente elegido por los gobernados, por los ciudadanos. Es lógico que no debamos aguantar década tras década y Borbón tras Borbón a una estirpe que se asentó en nuestro país gracias a las guerras y a los acuerdos entre linajes, que implantó –o por lo menos permitió– la dictadura de Primo de Rivera y que, finalmente, fue incrustada por un dictador gallego.

Una República necesaria
Todo eso es lógico, pero lo realmente relevante a día de hoy es tener en cuenta que bajo la Monarquía se ha sustentado un sistema en el que la separación de poderes no son más que cuatro palabras y bajo el que los partidos políticos son en realidad quienes deciden cuáles van a ser los diputados y cuál será el presidente. Sí, los españoles votan, pero votan a quienes sientan en el escaño las cúpulas de los partidos. Sin una elección directa y sin separación de poderes, la Monarquía erigió un sistema que lejos está de configurarse como la democracia que cualquier sociedad merece. Es por ello que hoy estamos ante una gran oportunidad.

Si la República es hoy más necesaria que nunca es porque la Monarquía no supo o no quiso desarrollar un sistema político en el que los españoles fueran los protagonistas y donde los políticos fueran unos meros servidores públicos. Sin embargo, si el cambio de Monarquía a República no trae consigo unos cambios normativos, un periodo de libertad constituyente para que sean los españoles quienes decidan qué ha de cambiarse de la constitución y para que seamos tratados como ciudadanos mayores de edad, ese cambio no será tal.

Que el actual sistema se perpetúe bajo la jefatura de estado de un Presidente de la República significaría que España continuaría padeciendo los mismos males de siempre.

Una oportunidad para la Monarquía
No sólo es una gran oportunidad para la República, sino que la propia Monarquía tiene la opción de legitimarse, dando paso a un referéndum en el que podría ser votada, y no proseguir con una situación cuyo punto de partida fue la de un Franco agonizante.

Es evidente que durante esta Monarquía los españoles han vivido mejor y con más dignidad que bajo la dictadura que la precedió, pero este argumento ya no es suficiente. Es posible que haya quien diera carta blanca a un monarca que “fue votado” al aprobarse la Constitución. Esa votación fue una trampa evidente, un paquete donde se incluyó la libertad de expresión, asociación, huelga, manifestación…y Monarquía. Quién iba a votar en contra tras 40 años de opresión. Pero vale, compremos ese argumento. Eso es válido para quien hoy se marcha y no para quien hoy llega.

Felipe VI ya no tiene ningún argumento o “legitimidad” a la que agarrarse, por lo que su mandato sólo puede sobrevivir gracias a las urnas y a un sistema que todos llamemos con orgullo Democracia.

Podemos y los defensores de la democracia

Es muy gratificante observar cómo los defensores a ultranza de la democracia española se han tomado con tanta deportividad los resultados de las elecciones europeas. Hoy, el problema no es mantener el estatus del PP y del PSOE, que se han quedado noqueados, para bien y para mal, sino la supervivencia de este sistema que algunos llaman democrático y que otros lo sufren sin voz ni voto.

La solución a los desahucios fue criminalizar a la PAH y llamar nazi a cualquiera que no osara vomitar por la boca algún improperio en su contra. La solución al descontento visibilizado en el 15M, 25S, Rodea el Congreso, Marcha por la Dignidad del 25M, etc., más de lo mismo. Con la marea blanca y con la marea verde, que son marionetas en manos de los rojos y la masonería. Un largo etcétera de soluciones. Ahora, la solución es aniquilar a Podemos.

Tal fue la hecatombe que esperaban los “defensores” de la democracia –léase PP y PSOE– que llegaron a pedir el voto para cualquiera de los dos. Eso por defensa de nuestros derechos, no por los suyos, a ver qué vamos a pensar. Muy bien.

Que los Jiménez Losantos y Hermann Tetrsch de turno griten a los cuatro vientos que con Podemos nos van a colgar a todos de un campanario es una buena señal, por ser ridícula. Podían haber hecho lo mismo cuando se nos echaron encima quienes vendieron nuestra constitución –sí, esa que no se puede tocar cuando lo dice Pablo Iglesias– junto con nuestros derechos a la Troika, pero ahí callaron; no sé por qué.

Criticar a Pablo Iglesias es muy fácil, se pueden sacar frases de contexto, vídeos defendiendo a Chávez y hermanándose con Amaiur y mucho más. Sí, a la hemeroteca no resiste nadie. Se le puede decir que la Constitución que critica es la que le permite hablar y decir lo que quiera. Se le puede decir que se vaya a Cuba. Sí.

¿Resiste el PP o el PSOE a la misma hemeroteca? Hay numerosos vídeos de Fraga –sí, el ministro de Franco y fundador y presidente de Honor del PP– elogiando al caudillo y hay numerosos reportajes que reflejan cómo participó en consejos de ministros fascistas en los que se firmaron penas de muerte. Pueden salir a relucir entrevistas o artículos sobre Mayor Oreja y Aznar negándose a condenar el franquismo y criticando sin piedad la Constitución española, respectivamente. Del PSOE…terrorismo de Estado. De ambos, corrupción.

¿La constitución se puede criticar o no? ¿Sólo cuando lo hace el PP y PSOE es viable? ¿Se puede justificar a Franco y no a Chávez? ¿Se puede defender el asesinato si lo hacen el PP y PSOE?

Respecto a Amaiur, partido que no puede dar lecciones de nada, hay quienes entienden que no es ETA, lo que no puede dar pie a que quienes vean en esas siglas las de la banda terrorista lleguen a deducir que quien se hable con unos se habla con los otros.

Votar un partido no es casarte con él ni asumir los comentarios de sus líderes, gracias a Dios.

Los 5 escaños de Podemos reflejan el hastío y la ilusión, por otro lado, de un electorado que está cansado de lo de siempre y que no ven en lo establecido una salida a una crisis política, económica y ética que nos lleva cogiendo de las orejas desde hace mucho tiempo, no es el voto pro Amaiur ni pro Cuba. Los escaños del PP y del PSOE reflejan el aval a la corrupción, la falta de raciocinio y el desprecio al propio país; sin embargo, esto no es criticable. Falta decir que no creo que quien haya votado a uno y otro estén a favor de la corrupción, salvo muchos que se han votado a sí mismos.

Lo mejor de las elecciones europeas a nivel español, la abstención. Si un sistema no protege al ciudadano, que el ciudadano no lo alimente con su voto. ¿Alguien ha visto a alguien del sistema pidiendo que el elector se abstenga?

Fdo: Un abstencionista

No hay motivos para Ignacio González

No es suficiente. Esta frase refleja cómo cada una de las situaciones que han ido marcando la puerta de salida al todavía hoy presidente del Gobierno de Madrid no han bastado para que éste, en un acto de respeto hacia los ciudadanos que dice representar, se apee del carro.

Es triste, pero es real. Un cargo que contempla su permanencia a través de “el dedo” y de “la esperanza” es una silla que cojea, que no sirve.

Llegado a este punto –es triste, pero es real–, la resignación vivirá entre los madrileños, que verán una vez más cómo los días del ilegítimo llegarán a su fin con él en la cama. Sí, ilegítimo, nadie le votó ni defendió ningún programa con el que gobernar la región porque nunca se presentó a unas elecciones con tal propósito. Que la ley permita o determine otorga cierta legalidad al asunto, pero nunca legitimidad, ya que ésta sólo está en manos de los gobernados. Y sí, no defendió programa electoral alguno como número uno del Gobierno; prueba de ello es que la actualidad política de la comunidad durante su mandato ha estado sumida en diversas cuestiones por las que nunca se pidió opinión a los ciudadanos.

La resignación a día de hoy torna casi en indignidad, pues es posible afirmar que da exactamente igual que este señor no se haya sometido jamás a una votación para legitimar su actividad ni que su comportamiento esté en entredicho gracias a ciertos tejemanejes fiscales con un ático en Marbella, por el que ha sido denunciado recientemente –además de por cometer presuntamente siete delitos– y por el que su esposa, ex vicepresidenta de la patronal madrileña –seguramente este vínculo nada tuvo que ver en la ocupación de tal cargo–, está imputada.

Nada de esto es importante ya. No, por lo menos hay razones diferentes y suficientes para que salga de la Puerta del Sol. Es más, debido a la muerte de Adolfo Suárez, al que hasta el mismísimo González –sí, Ignacio y Felipe, da igual– ha loado por su contribución política e histórica, el término “dimisión” ha vuelto a existir en España. Es probable que uno de sus aciertos, de Suárez, fuera dar ejemplo con esta actitud, pero uno de sus fallos, y terrible, fue no dárselo a nadie.

Los tres proyectos estrella del todavía hoy presidente de la CAM han ido cayendo por su propio peso y él es responsable de ello. Primero fue Eurovegas, bajo la presidencia de Esperanza Aguirre y con González como vicepresidente. Luego llegaron las “mareas blancas” y los jueces, que dinamitaron el proceso privatizador de la sanidad madrileña. Hoy, otra vez por la Justicia, el Gobierno regional tiene que dar marcha atrás al despido improcedente –y por tanto, ilegal– de casi mil trabajadores de Telemadrid, cadena que su partido, el PP, lleva tiempo queriendo enterrar por su terrible gasto; gasto al que se llegó, entre otras cosas, por los elevados sueldos de sus periodistas afines.

Puedes no ser votado para un cargo, estar inmerso en “casos” judiciales, centrarte en cuestiones que no iban en el programa electoral, no sacarlas adelante y seguir siendo presidente. Un ejemplo del camino que falta por recorrer.

Ahora bien, no cabe duda alguna de que los hay que le seguirán votando y de que, no sería raro, volviera a gobernar –si es que le dejan presentarse–. Otro ejemplo del camino que queda por recorrer.

Cada palo que aguante su vela, y en este caso el PSM, IU-CM y UPyD algo tendrán que decir o hacer.

 

 

 

El corrupto y el etarra

La retórica del “todo es ETA, menos yo”, como se publicó en un artículo de opinión de Infolibre, parece no tener fecha de caducidad; aunque la tiene. Esto no quiere decir que no sigamos escuchando esta frase para echar por tierra cualquier oposición al Gobierno del PP de turno –da igual cuál sea su ámbito–, sino que, todas estas artimañas políticas y propagandísticas siempre tienen un filo por el que uno se acaba cortando.

Hoy en día, aunque a sus señorías no se lo parezca, la hemeroteca es el mejor de los boomerangs y sólo es posible venderle la moto a quien se la haya comprado antes de preguntar el precio.

Los tiempos en los que desde el PP se calificaba al PSOE de “amigos de ETA” no son tan pretéritos. Hace mucho de las “claudicaciones” socialistas ante de Juana Chaos, pero no tanto de las del PP ante Bolinaga Uritxebarrieta e Inés del Río. Es más que probable que los haya que justifiquen unos casos y no el otro por aquello de la imposición europea, pero no es razonable.

Hace mucho del aplauso en la cara al ex ministro José Bono en una concentración “contra” ETA, pero no tanto de los “vítores” encendidos a algunos dirigentes del PP en un encuentro de las mismas características.

El político, como buen vendemotos, toma al cliente, que en este caso se le supone el grado de ciudadano, por idiota y sigue repitiendo aquello de “todo es ETA, menos yo”, aunque hay que reconocer que con esta actitud y esta pose han conseguido muchos réditos políticos, que al fin y al cabo es su objetivo. Es posible que, precisamente por eso, la retórica no haya variado lo más mínimo.

Son muchos los ejemplos que se pueden citar a este respecto, pero para qué. El que sí cabe mencionar es el protagonizado por el primo hermano del PP en Navarra, UPN, y por, cómo no, el PP en toda su extensión.

El caso es el siguiente: la ex directora gerente de la Hacienda Navarra denuncia que, con la anuencia de la presidenta autonómica, la vicepresidenta y consejera de Hacienda ha utilizado esa entidad para beneficiar a terceros de su entorno. Hasta aquí, el raciocinio propio del populacho español llega a la conclusión de que parece que se podría estar hablando de un caso de corrupción, pero no. Gracias a la inteligencia, imparcialidad y comunicación de los políticos hemos de atender al verdadero problema, que es que la matriz socialista en Navarra, el PSN, va a claudicar a los postulados de Bildu –es decir, ETA– y, de su mano, sacará adelante una moción de censura para expulsar del Gobierno navarro a UPN y, a continuación, convocar elecciones. Otra vez aquello de “todo es ETA, menos yo”.

Sin embargo, es difícil de explicar por qué uno es amigo de ETA cuando coincide en voto en una moción de censura motivada, en principio, por una presunta acción corrupta y el otro sigue siendo adalid de la libertad y el pilar en el que se sustenta la lucha contra la banda terrorista a pesar de sacar adelante determinadas leyes o presupuestos gracias a los votos de Bildu, que parece ser que ese día no era ETA.

Para ser creíble no se puede estar en misa y replicando al mismo tiempo. Si, sea cual sea la razón, no se puede llevar a cabo un proyecto gracias a la colaboración de X, no se puede llevar a cabo un proyecto gracias a la colaboración de X, sea cual sea la razón. Pero eso sólo para ser creíble.

Hoy se ha conocido que el PSN no planteará una moción de censura en la que se les pueda emparejar con Bildu, con lo que cabe pensar que, una vez más, la política está por encima del interés ciudadano, igual que la corrupción. ¿Habrían hecho lo mismo sin unas elecciones europeas a la vuelta de la esquina?

 

Ya no quedan cine forums

Apasionante, tenso, original, constructivo. Sí, es evidente que son unos pocos de los muchos adjetivos que corren por las venas del Debate del Estado de la Nación, pero en un ejercicio de resignación insoportable habrá que resistir la tentación racional y humana de hablar de aquel foro en el que se encuentran las claves de la salvación de todos los españoles que en él habitan, de vez en cuando.

Pasando de lo que algunos entienden por un teatro, resulta más interesante hablar de otra representación magistral y, sin ningún género de dudas, mucho más brillante: la Operación Palace de Jordi Évole.

Sin entrar a valorar lo bueno o malo del falso documental, es imposible negar su importancia televisiva y, por qué no, social. Sería raro que no hubieran las típicas reacciones de que si “es la Sexta”, “es una patraña”, “con eso no se juega”, etc. Propio de nuestra idiosincrasia es que si es Orson Welles el que lo hace es una genialidad, sin tener en cuenta la facilidad de provocar la sorpresa y el temor en un tiempo en el que la información no llegaba a cualquier lugar y en un segundo; y, por supuesto, sin importar que ese experimento tuvo consecuencias tales como suicidios. En cambio, si el que lo hace es “el Follonero” se trata de una mamarrachada, a pesar de que, más allá de la mofa, exista una denuncia según la cual sin una información transparente y rigurosa es muy sencillo falsear la historia.

En cualquier caso, lo que más me llamó la atención del documental fueron las reacciones en las redes sociales, sobre todo en Twitter. El uso de estas herramientas, muy beneficiosas por una parte, ha convertido al espectador, en muchos casos, en un ser regido por la inmediatez y alejado de la reflexión. Lo que busca un tuitero, aunque nunca esté bien generalizar, es tener la primera opinión de todas y, si es posible, cuanto más contundente mejor.

Hoy en día parece que el contenido de una obra, ya sea una película, un concierto o un documental es lo menos importante. No hay festival de cine, actuación de los Rolling Stones u Operación Palace que se salve. En el minuto uno ya hay opiniones diversas de algo que todavía no ha acontecido. En cuanto a los medios de comunicación lo mismo. El tuitero parece querer consumir titulares en vez de noticias o simple información.

Lo que ha puesto en evidencia Jordi Évole es cómo se nos calienta la boca a todos. Por poner un ejemplo, el más comentado de todos, el de Beatriz Talegón. Esta actitud de valorar algo de un modo tajante sin conocerlo puede llevar a pasar de dar lecciones a lamentarse por haberlas impartido en cuestión de minutos. Eso sí, nada como un buen borrado de tuits.

Los hay que se llevan las manos a la cabeza por haberse sentido engañados, cuando en realidad se tapan la cara por haber caído de un modo absurdo. Los hay que se llevan las manos a la cabeza por haberse sentido engañados, a pesar de haber sido avisados de la trampa –con denuncia y advertencia incluidas–. Qué pensarán de aquellas noticias y documentales donde no se destapa la mentira.

Amnesia en los juzgados

Los juzgados en España provocan un extraño efecto, un no sé qué que sitúa a la mente humana en un grado de amnesia descomunal. La estampa siempre es la misma, cientos de inocentes que entran por sus puertas en un estado perturbado por el desconcierto que provoca ser llamados a declarar en calidad de imputados y machacados por una terrible parálisis que, a pesar de su voluntad y ansia de ir a soltarlo todo y absolutamente todo para demostrar su buen hacer y su candidez, no les permite colaborar con la Justicia hasta que ésta no les obliga a ello, por mucho que la realeza lo niegue.

Es curiosa la selección parcial de la realidad que nuestro cerebro hace, lo que explica que a pesar de que la Casa Real se haya propuesto que la imputación de la Infanta adquiera el cariz de sentencia –para que le pese tal condición ha habido, más o menos, que probar los hechos–, ya que si uno no recuerda, no sabe. O mejor dicho, ojos que no ven…aunque los ojos sean los de uno mismo.

Sin entrar en la inocencia o culpabilidad de la hija del Jefe de Estado, que la memoria retenga lo bueno y elimine lo malo no es más que un factor muy español y que afecta en mayor medida a los presuntos delincuentes de puro y chistera; es decir, una casualidad, columna vertebral de la Marca España.

Sin embargo, hay un par de cuestiones que llaman la atención de cualquier persona –malpensada, por supuesto­–. Si uno es inocente, ¿por qué ha de preparase bien para un juicio? ¿Cuál es el significado de “bien”? Haciendo gala del refranero español, que no de la Marca España, “piensa mal y acertarás”, lo que lleva a la conclusión de que la palabra “bien” insta a la consideración de que su definición en este caso es “por aquí no me pillan”; es decir, que hay algo que pillar.

Después de este cansado ejercicio intelectual, absurdo e inútil por otra parte, pues basta con leer el periódico (no todos, evidentemente) para saber que dos más dos todavía siguen siendo cuatro, habría que responder otra cuestión: Si se es inocente, ¿cuál es el motivo para no contestar las preguntas de las acusaciones particulares? En el fondo no es tan complicado, un “no recuerdo” es comprensible hoy en día.

El papel de la mujer florero es un rol muy manoseado en estos casos. La Pantoja, la Infanta…